CUENTOS
CUENTOS
Por Elvis Orellana Espinoza. Ecuador, 2023.
El arqueólogo que descubrió sus sueños.
Pedro Blanco era un arqueólogo español que se había interesado durante mucho tiempo en estudiar los sitios patrimoniales de la provincia del Azuay al sur del Ecuador. Su obsesión por los sitios arqueológicos se debía a que siempre creyó que estaban relacionados con los viajes en el tiempo, algo que lo había intrigado desde su adolescencia cuando leía las novelas de ciencia ficción de Julio Verne y H.G. Wells.
Cuando era joven, por las noches comenzó a tener sueños extraños de un pasado distante con una civilización en Sudamérica. Estas visiones lo hicieron que siguiera la carrera de arqueología en la Universidad Complutense de Madrid.
Había llegado a Ecuador a fines de la década de los años ochenta como profesor de historia del Colegio Técnico Salesiano en la ciudad de Cuenca, debido a su amistad cercana con el sacerdote Carlos Crespi, fundador de aquel centro educativo.
En poco tiempo, Pedro iba profundizando en la exploración de los antiguos hallazgos arqueológicos, descubrió algo inquietante que involucraba un misterioso objeto dentro de una cueva en el cantón Sígsig, se decía estaba embrujada.
Empezó a estudiar sobre esta cueva en el archivo histórico de la Iglesia, en una casa antigua ubicada en la calle Luis Cordero, entre Sucre y Bolívar. En su interior encontró un grimorio y, al leerlo, se enteró de un psiquiatra que había investigado sobre la cueva unos cincuenta años antes y que él había trabajado en el Hospital Viejo del cantón Gualaceo.
Un día Pedro logró conseguir permiso del Instituto de Patrimonio Cultural para explorar el Hospital que ya estaba abandonado. Con su mochila y una linterna, se adentró en la oscuridad del lugar, cuando comenzó a caminar por los pasillos, empezó a notar algo extraño en el ambiente, parecía que algo lo observaba en la oscuridad.
De repente, escuchó un sonido que lo hizo detenerse en seco. Fue entonces cuando vio, de reojo, una figura sombría que parecía flotar justo detrás de él; intentó correr, pero algo lo agarró y lo arrastró hacia abajo, hacia el patio central, pero por suerte lo soltó. El arqueólogo se dio cuenta que la figura que lo había llevado hacia ahí era el fantasma de aquel médico psiquiatra.
A inicios del siglo veinte, los psiquiatras eran considerados como magos y el Dr. Henry Pillajo era uno de ellos. Su objetivo principal era descubrir los intersticios de la mente humana a través de los sueños y el plano astral. Pero lo que nadie sabía es que él tenía una razón muy personal para hacerlo.
Y así, el psiquiatra descubrió una tecnología ancestral para viajar en el tiempo que lo llevará hacia el futuro. Luego, comenzó a amplificar la percepción sensorial, viajar por el mundo de los sueños y las realidades paralelas.
Con esta tecnología se dio cuenta como su cuerpo flotaba en el espacio, rodeado de formas extrañas y fantásticas; así conoció épocas diferentes y civilizaciones enteras de seres que habían evolucionado de manera muy diferente a los humanos.
En uno de los viajes por el futuro y los sueños, el Doctor Pillajo conoció a Pedro Blanco que aún era niño y estaba soñando sobre una civilización perdida en el Ecuador. El psiquiatra conectó con el alma de este niño del futuro y lo empezó a dar información mediante los sueños, promoviendo cada vez más su curiosidad por libros de ciencia ficción, terror y fantasía.
Al cabo de muchos años, el psiquiatra pudo conocer más de cerca al arqueólogo Blanco en aquel patio trasero del Hospital Viejo de Gualaceo. Pedro Blanco pronto lo reconoció y se pusieron a trabajar juntos en las investigaciones sobre la Cueva de Chobshi en Sígsig, así como en otros sitios arqueológicos y patrimoniales de la provincia del Azuay.
Pedro empezó a investigar algunos libros en varias bibliotecas de Cuenca, Gualaceo, Chordeleg y Sigsig; se dio cuenta que habían de varios temas ligados a la historia del Ecuador; pero lo que más le llamó la atención es que la figura de Federico Gonzáles Suárez, conociendo así su historia de vida (biografía).
Gonzáles Suárez había tenido una gran biblioteca con libros de varios cronistas de Indias como Pedro Cieza de León (1520 - 1554), Pedro Sarmiento de Gamboa (1530 - 1592), Felipe Guamán Poma de Ayala (1534 - 1615), Bernardo Cobo y Peralta (1582 - 1657); así como del historiador y sacerdote Juan de Velasco (1727 - 1792) y del abogado, político y escritor Pedro Fermín Cevallos (1812 - 1893). Aquella biblioteca estaba al frente de los ojos de Blanco.
Por las noches, poco a poco podía viajar en el tiempo a través de sus sueños con la tutoría del Dr. Henry Pillajo, pero la energía era más poderosa cuando iba a los propios sitios arqueológicos a dormir con su carpa. Un día decidió ir a acampar en Chobshi y pudo descubrir todos sus secretos ocultos.
Un escritor ecuatoriano por España y el mundo
Era un inmenso muro de piedra junto al Río Santa Bárbara, años antes había servido como canal de agua. Junto al mismo había un puente de madera conocido como el Bimbambum y a doscientos metros estaba el Hospital Viejo. Gualaceo es un pueblo andino de aproximadamente cincuenta mil habitantes al sur del Ecuador, en la provincia del Azuay.
Este pueblo está aproximadamente a dos mil doscientos cincuenta metros sobre el nivel del mar y la mayoría de sus habitantes practican la religión católica. Sus principales festividades giran alrededor de sus creencias religiosas, como la Navidad (diciembre), la Semana Santa (40 días después del miércoles Santo) y las Fiestas de Santiago El Mayor o Patrón Santiago (julio); sin embargo, también existen otras fiestas paganas y civiles como el Carnaval (por lo general entre febrero y marzo) y el 25 de junio (cantonización).
A los alrededores del pueblo había una gran cantidad de bosques, páramos y ecosistemas naturales, de dónde nacían los cuatro principales ríos que cruzan el mismo (Santa Bárbara, San Francisco, Guaymincay y San José). En el sector más rural la gente se dedica a la agricultura y la producción en pequeña escala de hortalizas, frutales y maíz, así como a la ganadería para la producción de cárnicos y lácteos. Pero también muchos campesinos han emigrado hacia los Estados Unidos ya que el sector agropecuario no genera los recursos económicos como para tener un nivel de consumo bueno.
Alejandro Delgado es un joven del pueblo de veinte años, piel canela, ojos castaños, cabello oscuro y una estatura de un metro setenta y cinco –más alto que el común de los hombres de su zona-. Él es introvertido, apasionado y serio, a menudo se sumerge en la lectura y en su mundo imaginario a expensas de sus relaciones personales. Siempre estuvo en una escuela y colegio de reverendos Hermanos Cristianos.
Corren los principios de los años noventa del siglo veinte, Alejandro está por terminar sus estudios en su colegio, vive con su madre y hermano junto a la Plaza Central; su padre Luis Fernando Delgado vive en la ciudad de New York en los Estados Unidos desde que él tenía siete años; les envía dinero mes a mes para que puedan sostenerse económicamente en su vida diaria y darse algunos lujos de vez en cuando.
Su madre, Ernestina es una fiel practicante de la fe católica como muchas personas y familias de su pueblo, asiste a misa dos días a la semana, además que participa de un grupo de lectura de la biblia todos los días martes por la noche. Su hermano Miguel tiene veintiocho años, soltero, ingeniero eléctrico; tiene un negocio de insumos eléctricos y electrónicos que le da mucho dinero y buen posicionamiento económico.
La mayoría de las amistades de Alejandro tienen a sus padres en los Estados Unidos, ya que en el pueblo hubo dos grandes olas migratorias desde los años setenta hacia el país del norte, en un sector denominado Patchogue en Long Island del Estado de Nueva York. Casi todos los hijos de emigrantes cuentan con ropa fina de marcas internacionales, buenos electrodomésticos, vehículos caros, computadores y celulares de último modelo.
Pedro Arizaga es el mejor amigo de Alejandro, desde niño ha disfrutado mucho jugando fútbol en diferentes escenarios deportivos o estadios en los cuales asistían como público los padres, madres y familiares de los estudiantes. Pedro soñaba jugar fútbol profesional de su país, sin embargo, carecía de fuentes de financiamiento y personas que le apoyen; el régimen autoritario en el que vive no permite que él destaque, por ello se le han cerrado las puertas y las oportunidades en este deporte.
Sildabia Fútbol Club es el club con más seguidores en el pueblo, ya que participaba en el Campeonato Ecuatoriano de Fútbol, es financiado en un ochenta por ciento por el gobierno del pueblo como estrategia de marketing y publicidad, eso le daba réditos políticos al alcalde y a su partido político.
El padre Ignacio Serrano (sacerdote) tiene mucha autoridad y poder sobre las creencias, la psicología, el comportamiento, la educación y el estilo de vida de sus habitantes. El obispo y la Iglesia son propietarios de tres escuelas, dos colegios, un periódico y una radio.
El alcalde del pueblo, don Juan Marcos Bacchi, es un médico miembro del mismo partido del gobierno nacional, así como sus cinco concejales. Juan Marcos Bacchi es representante del progresismo populista socialista. Bacchi es un político astuto y populista que ha estado en el poder durante un tiempo prolongado y ha establecido una red corrupta que le ha permitido mantenerse en el gobierno durante muchos años. Es conocido por comportarse de manera maquiavélica y por tener poca consideración por el bienestar de la comunidad que representa.
Los más grandes empresarios del pueblo habían hecho y hacen su fortuna en base a sus negocios ocultos relacionados con el narcotráfico, el tráfico de personas (coyoterimo) y la usura (chulco); sin embargo, para disimular también tenía empresas relacionadas con turismo, calzado y gasolineras, así como hacían obras sociales por medio de sus fundaciones caritativas y cuando era priostes en las festividades de los santos católicos como de San Cristóbal y de la Virgen de las Nubes; así podían ser librados de culpa y tener más tranquila la conciencia.
En las fiestas y discotecas del pueblo se baila el famoso merengue que tuvo sus orígenes la República Dominicana, así como también está de moda la salsa, que es un ritmo que surgió en las comunidades afrocubanas y afroamericanas de los barrios populares ubicados en New York (Estados Unidos).
Por otro lado, los adolescentes y jóvenes como Alejandro disfrutan del rock, tanto en inglés como en español; varios grupos están de moda como Pink Floyd, Queen, Metallicca, AC-DC, Nirvana, Héroes del Silencio, Ángeles del Infierno, Maná, Rata Blanca, Soda Stereo, Los Prisioneros, Vilma Palma, Enanitos Verdes, Caifanes, Jaguares, Molotov, Medina Azahara. También en la ciudad de Cuenca algunos grupos de rock nativo han empezado a tocar al aire libre, en los barrios, colegios y festividades como Basca, Bajo Sueños, Sobrepeso, La Dueña, entre otros.
A Alejandro le apasiona la lectura y la escritura, sin embargo, en su pueblo la sociedad ha caído en los brazos del consumismo sustentadas básicamente por las remesas enviadas por los emigrantes hacia sus familias; la sociedad moderna del pueblo más valora la televisión y el cine que la literatura, incluso poco a poco las personas empezaron a adquirir computadoras y celulares para no estar alejados de la sociedad tecnológica moderna.
Ya a finales de los años noventa, mientras Alejandro estaba en una cafetería con sus amigos un fin de semana, al momento de hacer su pago, se encuentra con un señor llamado Carlos Matus quién tiene una afición por el ocultismo y la parapsicología. Matus le invita a Alejandro a asistir a una charla que dictará sobre Historia del Ocultismo en la ciudad de Cuenca, que está ubicada a unos treinta y cinco kilómetros de Gualaceo.
Alejandro en el diálogo con Matus queda con varios interrogantes, inquietudes y ganas de aprender sobre este misterioso personaje. Así que espera que pasen los días para asistir a la charla curso que le había invitado. Mientras tanto Alejandro ha estado leyendo un libro sobre Psicología y Alquimia de Carl Gustav Jung (el gran psiquiatra suizo), que le había recomendado en la librería del pueblo su dueño, don Salvador Méndez.
Méndez es un personaje histórico en el pueblo de Gualaceo, aunque es tildado de loco o esquizofrénico por muchos; es un apasionado por la lectura de Lovecraft, Edgar Allan Poe, Aleister Crowley, Assenath Mason, Anton Sandor Lavey, Thomas Karlsson, Ruth Rodríguez Sotomayor, Juan Moricz, Mario Mendoza, Sixto Paz Wells, Fulcanelli y temas relacionados con el misterio y el terror. La librería está situada en el cruce de las calles Gran Colombia y 9 de Octubre, en una de las esquinas del Parque Central 10 de Agosto, en una Casa de la época Hispánica, es decir, de aproximadamente trescientos años; cuenta con una variedad de literatura, donde hay libros nuevos y usados.
Han pasado los días, Alejandro viaja a la ciudad de Cuenca para asistir a la charla de Matus, específicamente a la Catedral Antigua, ubicada en la esquina de las calles Sucre y Luis Cordero. Ahí conoce sobre los misterios de la Edad Media Europea y varios secretos ocultos de varios alquimistas, cabalistas y gnósticos. Al culminar la charla Matus invita a Alejandro a tomar café colombiano en su vivienda donde tienen la oportunidad de conocerse con mayor profundidad.
Matus es de origen boliviano, se graduó de psicólogo, luego hizo una maestría en psicología jungiana y un doctorado en historia del chamanismo. Además, siguió cursos de psicoterapia transpersonal, constelaciones familiares, registros akáshikos, chamanismo, psicología transpersonal y constelaciones familiares del alma (Bert Hellinger).
Matus ya vive dos años en Cuenca junto a su esposa mexicana Carolina Saénz, quién es curandera que practica la medicina natural; es conocedora y amante de las plantas medicinales. Ha investigado sobre la manzanilla, la chancapiedra, la pasiflora, la ruda, el floripondio, la valeriana, la ortiga, la sábila y un gran etcétera. Ha realizado rituales de sanación con plantas sagradas como la Wachuma, la Ayahuasca y el Floripondio (Guantug).
Cada dos o tres meses Matus con su compañera Carolina organizan ceremonias de Temazcal en la zona de Chobshi, perteneciente al pueblo de Sigsig. Chobshi es una comunidad y un territorio ancestral, en el que se han encontrado muchos vestigios arqueológicos datados de ocho mil años antes de nuestra era, así como de quinientos años antes de nuestra era y de quinientos años después de nuestra era; si se lo visita se encuentra con la Cueva de Chobshi y el Castillo de Duma, pero además existen paisajes andinos extraordinarios y mágicos.
Gracias a Matus y su amada Carolina, Alejandro pudo aproximarse al mundo del ocultismo y el misterio. Esto le permitió tomar la decisión de convertirse en un escritor, aunque su pasión por las letras, provienen de mucho tiempo atrás, con la muerte de su abuelo y la influencia que ejerció en él en su infancia. Su abuelo solía leerle cuentos infantiles de fantasía que inspiraron su amor por la ficción y la imaginación. Después de graduarse de la universidad, decidió perseguir su sueño de convertirse en escritor y comenzó a viajar por el mundo para inspirarse y obtener más experiencia
Después de años de esfuerzo y espera, finalmente recibió una llamada para trabajar en España y cumplir su sueño. Con gran entusiasmo, viajó a Madrid para comenzar su aventura en el mundo literario español.
En Madrid comenzó su trabajo en una de las más famosas librerías de la ciudad. Allí, descubrió un mundo completamente nuevo en el que cada día aprendía algo nuevo. Pasaba sus días sumergido en los libros y el contacto con escritores y lectores famosos en la tienda, y sus noches explorando las vibrantes calles, bares y discotecas de Madrid.
Gracias al dueño de la librería donde trabajaba, Alejandro pudo aproximarse al mundo de la literatura de terror, suspenso y misterio. En Madrid tomó varios cursos de escritura creativa, cultura gótica y terror.
Alejandro quería conocer la ciudad a profundidad, incluyendo sus librerías más importantes y los bares que le permitirían socializar y conocer gente de diferentes culturas. Cada día, salía temprano de su apartamento para caminar por las calles de Madrid. A veces se sentía un poco perdido, pero afortunadamente, no tardó en descubrir que era una metrópoli muy acogedora. Junto a los turistas que recorrían las calles había un sinfín de habitantes locales que siempre estaban dispuestos a ayudarlo y darle recomendaciones.
Alejandro poco a poco va teniendo mejores ingresos mensuales, gracias a que ha escrito libros con el apoyo de la Editorial Valdemar. Además, se ha dado a conocer al ser invitado a dar entrevistas en varios programas de radio, televisión, Youtube y otras redes sociales.
Un día decidió visitar la biblioteca nacional en Madrid, mientras daba vueltas por las estanterías, observó una mujer alta y esbelta de aproximadamente unos veinte y cinco años que también se encontraba entre los libros. Sus ojos se encontraron por un instante, y Alejandro sintió como si el tiempo se hubiera detenido. Ella comenzó a hablarle en un español con acento argentino y descubrió que se llamaba Ana.
Ana se interesó por su trabajo como escritor, y Alejandro comenzó a compartir algunos de sus pasatiempos e inquietudes en el ámbito literario. Descubrieron que ambos compartían una pasión por las letras, y pronto comenzaron a intercambiar historias y recomendaciones de libros. Tenían muchos intereses y puntos en común en la exploración de los matices humanos.
A medida que pasaban los días, Alejandro sintió la necesidad de explorar más allá y viajar por diferentes ciudades en España, visitando bibliotecas, librerías y editoriales. En cada lugar que visitaba, la estudiante argentina lo acompañaba.
Viajaron juntos a Sevilla para visitar el Archivo de Indias, un lugar que los impresionó por la cantidad de información valiosa sobre la historia de América Latina y el Ecuador que ahí se encontraba.
Después de Sevilla, Alejandro visitó Barcelona,donde visitó las librerías más famosas de la ciudad como Laie, Central y Calders. Se maravilló al observar la abundante cantidad de obras de literatura catalana y cómo estaban integradas en la cultura española.
Alejandro también enfrentó ciertas dificultades en Europa, extrañaba su país y su cultura, y a veces sentía dificultad para adaptarse a la forma de vida española. Sin embargo, siempre encontraba consuelo en las palabras de sus escritores favoritos que hablaban en sus libros sobre sus propias luchas y dificultades.
Después de dos años viviendo y trabajando en España, Alejandro decidió regresar a su país para vivir en la hermosa ciudad de Cuenca, pero su experiencia en Europa no había sido en vano. Había aprendido mucho, había conocido a gente maravillosa y había hecho realidad su sueño de convertirse en un escritor en el género del suspenso, terror y misterio. Y, lo más importante, había logrado compartir la riqueza de la cultura ecuatoriana con España, a través de sus libros y conferencias.
Seis meses después, luego de que estuviera en Argentina, Ana viajó hacia Cuenca para visitar a Alejandro, se pusieron un a Librería de libros nuevos y usados con alrededor de cinco mil libros, así mismo una Academia de Literatura.
Alejandro y Ana vivían en la hacienda de los abuelos de Alejandro. Al cabo de un tiempo él empezó a ausentarse, dejándole prácticamente sola en aquella enorme y tenebrosa hacienda antigua que databa del siglo XVII.
La joven argentina pasó tanto tiempo sola que empezó a aburrirse y decidió curiosear un poco. Todo era oscuro y tenebroso... Parecía que ese lugar ocultaba un misterio. En el callejón, al fondo había una escultura grande con una pequeña plaqueta debajo que decía: "Federico Gonzáles Suárez (1844 - 1917)" y detrás de ella, una puerta con una escalera que conducía al subsuelo...
Caminó por esas escaleras oscuras y se encontró con una gran biblioteca oculta; estaba llena de telas de araña y los muebles parecían muy antiguos. Empezó a observar los libros, y se dio cuenta que habían de varios temas ligados a las crónicas ecuatorianas, cristianismo, poesía, medicina, derecho, etc.; pero lo que más le llamó la atención es que había unos grimorios en un baúl. Estos grimorios tenían símbolos, gráficos, hechizos y estaban escritos en una lengua muy ancestral ilegible.
Alejandro solamente llegaba a la sala de la hacienda en las noches para mantener largas conversaciones con Ana junto a la fogata, luego cenar y tomar vino, a veces escuchaban música.
Mientras pasaban los días, Ana seguía frecuentando, durante el día, la biblioteca en el subsuelo de la hacienda. Empezó a investigar sobre la figura de Federico Gonzáles Suárez, conociendo así su historia de vida (biografía) y se dio cuenta que era uno de los más importantes teólogos e historiadores del Ecuador.
Gonzáles Suárez había tenido una gran biblioteca con libros de varios cronistas de Indias como Pedro Cieza de León (1520 - 1554), Pedro Sarmiento de Gamboa (1530 - 1592), Felipe Guamán Poma de Ayala (1534 - 1615), Bernardo Cobo y Peralta (1582 - 1657); así como del historiador y sacerdote Juan de Velasco (1727 - 1792) y del abogado, político y escritor Pedro Fermín Cevallos (1812 - 1893). Aquella biblioteca estaba al frente de los ojos de Ana, complementada con otros libros de la familia de Alejandro.
Una noche, en una conversación entre Alejandro y Ana empezaron a escuchar unas voces que salían de la biblioteca; el escritor bajó con su linterna para ver qué sucedía, pero entre la oscuridad solo salió un gato negro que se dirigió hacia el patio central y luego subió al tejado.
Al siguiente día, Ana al caer la tarde nuevamente escuchó unas voces que venían de la misma biblioteca; se acercó a uno de los estantes y en la parte de atrás había una gruta decorada con una roca denominada turmalina negra. Al tocar la gruta, ella tuvo una especie de sueño.
La argentina salió caminando desde la biblioteca y fuera de la hacienda, se dirigió al centro de la ciudad de Cuenca. Se sorprendió al ver las calles con algunos caballos en vez de vehículos. Entró a la cafetería "El Morlaco" alrededor del Parque Central que estaba junto a la Catedral, tomó un periódico y vio la fecha que decía seis de junio de mil ochocientos setenta y ocho, preguntó al mesero admirado ¿Qué día es hoy? y le respondió la misma fecha del periódico.
Había viajado en el tiempo cien años atrás, aún no existía la Catedral de la Inmaculada Concepción, sino solamente la Catedral Antigua ubicada en la calle Sucre. Se enteró que el arzobispo de Cuenca era Federico Gonzáles Suárez; este mantenía una disputa intelectual y política con los liberales, especialmente con el abogado y escritor José Peralta, que estudió en la Universidad de Cuenca. El Liceo de la Juventud era una prestigiosa institución educativa que tenía a uno de sus principales poetas y escritores, Remigio Crespo Toral.
De pronto, ella sintió que se había despertado de este sueño mientras estaba en la Biblioteca de la Hacienda. Se quedó sorprendida y enamorada de la cultura literaria e intelectual del siglo diecinueve en esta ciudad andina del Ecuador. Por ello, se dedicó a escribir cuentos sobre la cultura cuencana y ecuatoriana, así como sobre sus principales historiadores e intelectuales. Mientras en las noches seguía compartiendo sus conocimientos de literatura a Alejandro que trabaja en una novela de terror.
Durante los siguientes meses, Alejandro y Ana viajaron por varios países de Sudamérica, visitando Perú, Bolivia y Chile. Siempre se tomaban el tiempo para explorar y apreciar la cultura de cada país. Cada año se iban de visita, a los familiares y amigos de Ana, en Buenos Aires (Argentina) y con frecuencia tenían instancias residenciales de aproximadamente seis meses.
Las voces de la biblioteca
Alrededor del año 1970 vivía en Argentina un joven profesor a quien le ofrecieron trabajar con un importante psiquiatra de Ecuador. Su trabajo consistiría en enseñarle al médico ecuatoriano, las principales obras de la literatura universal, porque éste desarrollaba una investigación sobre los vínculos entre salud mental y literatura.
Para enseñarle todo lo que necesitaba saber el psiquiatra, el profesor argentino Fernando Benavides viajó hasta Cuenca para quedarse en la hacienda del médico psiquiatra. Durante los primeros días de clase, el doctor Macías escuchaba con atención las lecciones de Fernando; al cabo de un tiempo el médico empezó a ausentarse, dejándole prácticamente solo en aquella enorme y tenebrosa hacienda antigua que databa del siglo XVII.
Fernando pasó tanto tiempo solo que empezó a aburrirse y decidió curiosear un poco. Todo era oscuro y tenebroso... Parecía que ese lugar ocultaba un misterio. En el callejón, al fondo había una escultura grande con un pequeña plaqueta debajo que decía: "Federico Gonzáles Suárez (1844 - 1917)" y detrás de ella, una puerta con una escalera que conducía al subsuelo...
Caminó por esas escaleras oscuras y se encontró con una gran biblioteca oculta; estaba llena de telas de araña y los muebles parecían muy antiguos. Empezó a observar los libros, y se dio cuenta que habían de varios temas ligados a la crónicas ecuatorianas, cristianismo, poesía, medicina, derecho, etc.; pero lo que más le llamó la atención es que habían unos grimorios en un baúl. Estos grimorios tenían símbolos, gráficos, hechizos y estaban escritos en una lengua muy ancestral ilegible.
El doctor Antonio Macías solamente llegaba a la sala de la hacienda en las noches para mantener largas conversaciones con Fernando junto a la fogata, luego cenar y tomar vino, a veces escuchaban música.
Mientras pasaban los días, el profesor argentino seguía frecuentando, durante el día, la biblioteca en el subsuelo de la hacienda. Empezó a investigar sobre la figura de Federico Gonzáles Suárez, conociendo así su historia de vida (biografía) y se dio cuenta que era uno de los más importantes teólogos e historiadores del Ecuador.
Gonzáles Suárez había tenido un gran biblioteca con libros de varios cronistas de Indias como Pedro Cieza de León (1520 - 1554), Pedro Sarmiento de Gamboa (1530 - 1592), Felipe Guamán Poma de Ayala (1534 - 1615), Bernardo Cobo y Peralta (1582 - 1657) ; así como del historiador y sacerdote Juan de Velasco (1727 - 1792) y del abogado, político y escritor Pedro Fermín Cevallos (1812 - 1893). Aquella biblioteca estaba al frente de los ojos de Fernando, complementada con otros libros de la colección del médico ecuatoriano.
Una noche, en una conversación entre el Dr. Macías y Fernando empezaron a escuchar unas voces que salían de la biblioteca; el Dr. Macías bajó con su linterna para ver qué sucedía, pero entre la oscuridad solo salió un gato negro que se dirigió hacia el patrio central y luego subió al tejado.
Al siguiente día, Fernando al caer la tarde nuevamente escuchó unas voces que venían de la misma biblioteca; se acercó a uno de los estantes y en la parte de atrás había una gruta decorada con una roca denominada turmalina negra. Al tocar la gruta, Fernando viajó por un portal dimensional como si fuera una especie de sueño.
El argentino salió caminando desde la biblioteca y fuera de la hacienda, se dirigió al centro de la ciudad de Cuenca. Se sorprendió al ver las calles con algunos caballos en vez de vehículos. Entró a la cafetería "El Morlaco" alrededor del Parque Calderón, que estaba junto a la Catedral, tomó un periódico y vio la fecha que decía seis de junio de mil ochocientos setenta y ocho, preguntó al mesero admirado ¿Qué día es hoy? y le respondió la misma fecha del periódico.
Fernando había viajado en el tiempo cien años atrás, aún no existía la Catedral de la Inmaculada Concepción, sino solamente la Catedral Antigua ubicada entre las calle Sucre. Se enteró que el Arzobispo de Cuenca era Federico Gonzáles Suárez que mantenía una disputa intelectual y política con los liberales, especialmente con el abogado y escritor José Peralta, que estudió en la Universidad de Cuenca. El Liceo de la Juventud era una prestigiosa institución educativa que tenía a uno de sus principales poetas y escritores, Remigio Crespo Toral.
De pronto, Fernando sintió que se había despertado de este sueño mientras estaba en la Biblioteca de la Hacienda del doctor Macías. Se quedó sorprendido y enamorado ante la cultura literaria e intelectual del siglo diecinueve en esta ciudad andina del Ecuador. Por ello, se dedicó a escribir sobre la cultura cuencana y ecuatoriana, así como sobre sus principales historiadores e intelectuales. Mientras en las noches seguía compartiendo sus conocimientos de literatura universal al médico ecuatoriano que hacía sus investigación.
Hospital Viejo
Era una tarde fría y tormentosa en el pueblo andino de Gualaceo, al sur de Ecuador... Un escritor y su amiga habían llegado desde España al lugar para documentar la historia y la cultura local. Después de explorar el mercado y las calles del centro histórico, decidieron visitar el Hospital Viejo, un edificio antiguo y abandonado que había sido construido en el siglo XIX... Se decía estaba embrujado.
Mientras caminaban por los pasillos oscuros, la pareja sintió una extraña sensación que les hacía temblar de miedo. De repente, escucharon ruidos en la distancia y a lo lejos vieron la silueta de supuestos fantasmas. En un acto de valentía, decidieron enfrentar sus miedos y se adentraron más en el hospital.
A medida que exploraban, descubrieron una biblioteca secreta que parecía haber sido cerrada durante muchos años. En su interior encontraron un grimorio antiguo y, al leerlo, se enteraron de la historia de amor entre un médico y una enfermera que habían trabajado juntos en el Hospital hace más de un siglo. Los detalles de esta narración llenaron sus corazones de romanticismo y misterio...
Mientras seguían investigando, sin embargo, notaron algo extraño en un callejón y al examinarlo cuidadosamente, descubrieron una especie de portal con una luz blanquiazul que les absorbió fuertemente...
La pareja apareció en un lugar desconocido, pero pronto se dieron cuenta de que estaban en el mismo pueblo de Gualaceo un siglo antes.
Estaban fascinados de presenciar la vida de antaño y cómo era el hospital cuando aún estaba en plena construcción. Luego de un pesado y mágico recorrido por el siglo XIX, regresaron al tiempo actual, y decidieron compartir en un documental la historia que acababan de descubrir...
Las catacumbas de la Catedral de Cuenca
Pedro era un arqueólogo colombiano que se había interesado durante mucho tiempo en estudiar las catacumbas de la Catedral de la Inmaculada Concepción de Cuenca en Ecuador. Su fascinación por este lugar se debía a que siempre había creído que las catacumbas estaban relacionadas con los viajes en el tiempo, algo que siempre lo había intrigado.
Un día Pedro logró conseguir permiso de la Santa Sede para explorar las catacumbas. Con su mochila y una linterna, se adentró en la oscuridad del lugar, emocionado por la aventura que le esperaba. Pero una noche cuando comenzó a caminar por las catacumbas, empezó a notar algo extraño en el ambiente, parecía que algo lo observaba en la oscuridad.
De repente, escuchó un sonido que lo hizo detenerse en seco. Fue entonces cuando vio, de reojo, una figura sombría que parecía flotar justo detrás de él; intentó correr, pero algo lo agarró desde atrás y lo arrastró hacia abajo, hacia las profundidades de las catacumbas. A medida que descendía, el colombiano notó que las condiciones atmosféricas estaban cambiando y se dio cuenta que estaba retrocediendo en el tiempo.
Finalmente llegó a un punto en el tiempo en el que todo era muy diferente. La ciudad de Cuenca era un lugar oscuro y lúgubre, y en las catacumbas, la figura que lo había arrastrado seguía allí, acechándolo. El arqueólogo se dio cuenta de que el lugar estaba infestado de fantasmas y que la figura que lo había llevado hacia ahí era una sacerdote que había fallecido del siglo dieciocho.
Pedro luchó por escapar de las catacumbas y regresar a su propio tiempo. Sabía que no debía permitir que el terror lo dominara si quería tener alguna posibilidad de sobrevivir. Con todas sus fuerzas, corrió hacia la salida mientras las figuras sombrías lo perseguían, pero finalmente logró llegar al Parque Calderón y así escapar para siempre.
Desde ese día, Pedro jamás volvió a explorar las catacumbas de la Catedral de la Inmaculada.
La biblioteca del pueblo andino
Había una biblioteca pública antigua en un pequeño pueblo al sur del Ecuador, que siempre había fascinado a la gente. Los niños y jóvenes venía aquí para leer y aprender sobre la cultura universal.
Un día, una joven llamada Ana María estaba explorando la biblioteca cuando encontró un extraño artefacto: un antiguo reloj de arena. Ana lo examinó y, momentos después se quedó dormida.
De repente, Ana María estaba en una fecha mucho anterior a la suya, en el mismo lugar donde se encontraba la biblioteca en el pasado. Era un hermoso día de verano y decidió explorar las calles del pueblo.
Se quedó maravillada al ver cómo era diferente todo en comparación con su tiempo. Mientras caminaba, notó que había otros portales mágicos similares esparcidos por todo el pueblo. La joven se dio cuenta de que había algo especial en esta biblioteca, y que su viaje en el tiempo no había sido una coincidencia. Entonces decidió comenzar a leer los libros uno por uno en diferentes momentos y lugares, aprendiendo sobre la rica historia del lugar. Se emocionó al descubrir el arte y la literatura de la región andina.
Finalmente, después de varios viajes, Ana María se dio cuenta de que tenía que regresar a su propio tiempo. Pero decidió dejar un mensaje para aquellos que pudieran seguir sus pasos, para que pudieran comprender que la biblioteca era un lugar mágico que los llevaría en un viaje a través del espacio y del tiempo. Y así, se convirtió en un lugar aún más especial para la gente del pueblo.
Y, aunque nunca supo cómo lo hizo, Ana María siempre recordaría esa increíble aventura. Las historias que había encontrado habían cambiado su vida para siempre.
Libros Mágicos
El librero, de nombre Roberto, se paseaba por las adoquinadas calles del barrio Gótico en Barcelona. Su objetivo era visitar algunas librerías especializadas y editoriales independientes.
A pesar de haber visitado la ciudad en otras ocasiones, tenía la esperanza de encontrar nuevas historias y libros que lo inspiraran para sus futuras obras. Después de caminar durante unas horas, Roberto encontró una pequeña librería que parecía esconderse en el interior de un edificio. La puerta de entrada estaba abierta, y el librero decidió entrar. Al hacerlo, un dulce aroma a cloroformo inundó sus fosas nasales, a pesar de que le pareció extraño.
Adentro, encontró un espacio pequeño y acogedor, lleno de estanterías de madera que se extendían hasta el techo. En la pared detrás del mostrador, Roberto notó un letrero que decía: "Libros para el alma". El librero sonrió para sí mismo, contento de haber encontrado una librería especializada como la que buscaba.
Mientras daba vueltas por las estanterías, observó una mujer alta y esbelta que también se encontraba entre los libros. Sus ojos se encontraron por un instante, y Roberto sintió como si el tiempo se hubiera detenido. Ella comenzó a hablarle en un español con acento extranjero, y Roberto descubrió que se llamaba Ana y era de Argentina.
Ana se interesó por su trabajo como escritor y psicólogo, y Roberto comenzó a compartir algunos de sus pasatiempos e inquietudes en la industria editorial. Descubrieron que ambos compartían una pasión por la escritura, y pronto comenzaron a intercambiar historias y recomendaciones de libros.
A medida que pasaban los días, Roberto viajó por diferentes ciudades en España, visitando librerías y editoriales, y ofreciendo conferencias sobre su experiencia como escritor y psicólogo. En cada lugar que visitaba, Ana lo acompañaba.
Juan, el librero
Juan era un librero en la hermosa ciudad colonial de Cuenca, en Ecuador. Al principio, su librería recibía pocos clientes y lectores, pero con el tiempo, más y más personas comenzaron a visitarla. Incluso algunos clientes millonarios se convirtieron en compradores habituales, adquiriendo innumerables títulos de obras de autores famosos.
La librería se convirtió en un lugar de reunión para los amantes de la literatura y la cultura en la ciudad, y sus visitantes apreciaban especialmente la amabilidad y la paciencia de Juan. Debido a su gran éxito y su gran impacto en la comunidad literaria local, recibió invitaciones para ferias de todo el país y el mundo.
Juan estaba emocionado por la oportunidad de viajar a toda América y Europa para dialogar sobre literatura y psicología. Viajó a las ferias con sus valiosos libros y ofreció charlas y conferencias en las principales ciudades del mundo. Los interesados en el gremio de la literatura que antes eran desconocidos para él, le ofrecían opiniones y perspectivas únicas desde sus propias experiencias. Esto amplió su perspectiva y horizontes personales y profesionales.
En una de sus apariciones y conferencias en una feria literaria en Madrid, conoció a Isabella, una joven española quien se quedó fascinada por la pasión y el conocimiento de Juan en la literatura. Seis meses después, Isabella regresó a Cuenca para visitar a Juan y su librería y fue amor a primera vista.
Juan e Isabella pasaron muchos días conversando en la librería, recorriendo la ciudad juntos, debatiendo sobre la literatura y la vida en general. Descubrieron que tenían muchos intereses y puntos en común en la lectura y la exploración de los matices humanos. Las discusiones rápidamente se convirtieron en citas, y pronto se convirtieron en pareja.
Durante los siguientes años, Juan e Isabella viajaron por todo el mundo, visitando las mejores librerías, museos, tiendas de antigüedades y lugares turísticos. Siempre se tomaban el tiempo para explorar y apreciar la cultura de cada país.
El portal dimensional en Valdivia
La Ruta del Sol en Ecuador siempre había sido un lugar de ensueño para los turistas, con sus playas interminables y su cultura vibrante. Pero el protagonista de esta historia no estaba allí solo por vacaciones. Era un científico que había encontrado una manera de viajar en el tiempo y estaba decidido a descubrir los secretos de los antiguos restos arqueológicos de Valdivia.
Cuando llegó a la playa, pudo sentir el aire caliente y el sol en su piel, pero también pudo sentir una presencia extraña y desconocida que estaba alrededor de él. A medida que avanzaba por la Ruta del Sol, comenzó a tener extrañas visiones de un pasado distante: la antigua cultura Valdivia, que habría vivido allí siglos atrás.
En poco tiempo, el protagonista ya había llegado al lugar donde se habían encontrado los restos unos años antes. Y a medida que iba profundizando en la exploración de los antiguos hallazgos, descubrió algo inquietante que involucraba un misterioso objeto, que parecía ser una especie de portal, que lo llevó a viajar en una dimensión desconocida.
Allí, en esa nueva dimensión, se revelaron los propios misterios más oscuros de la civilización Valdivia, los cuales estaban relacionados con influencias extraterrestres y tecnologías avanzadas que fueron utilizadas contra la propia humanidad. Con el tiempo, el protagonista descubrió que su propia misión había sido alterada por una fuerza sobrenatural en su haber, y que no todos los que desean explorar el pasado están preparados para enfrentar el horror que yace detrás de los velos del tiempo.
El escritor gótico
Había un viajero ecuatoriano llamado Juan Valdivia que recorría el mundo en busca de aventuras, y en su última travesía decidió explorar las bibliotecas más antiguas e importantes del mundo. Su objetivo era encontrar un libro misterioso, lleno de leyendas y mitos que lo habían perseguido desde que era joven, desde que escucho sobre este de sus abuelos.
El viajero comenzó su búsqueda en la Biblioteca de Alejandría en Egipto, donde pasó días enteros explorando los estantes llenos de libros antiguos y leyendo sobre alquimia, esoterismo, parapsicología y cábala. Pero no encontró lo que buscaba, por lo que decidió visitar la Biblioteca del Vaticano, en Italia; allí encontró algunos indicios sobre la ubicación del libro, pero aún no podía discernir su verdadera ubicación.
Después de visitar el sur Francia y explorar varias bibliotecas ubicadas en castillos medievales, finalmente llegó a España, donde encontró la información que necesitaba en una librería que databa del siglo dieciocho. Había un libro antiguo guardado en un monasterio remoto en los Pirineos que podría ser el que estaba buscando.
Valdivia se dirigió al monasterio y allí encontró aquel libro. Pero no había imaginado las consecuencias que tendría su obsesión con encontrar el libro. Al abrirlo, descubrió que el libro estaba maldito y estaba vinculado a una antigua leyenda que había causado la muerte de muchos lectores a lo largo de los siglos.
A medida que continuaba leyendo el libro, el viajero comenzó a experimentar extraños sueños, pesadillas y visiones, así como viajes en el tiempo. Decidió que debía encontrar la manera de detener la maldición, pero para hacerlo, debía volver a recorrer el camino que había seguido para encontrar el libro.
Al final del viaje, Juan Valdivia logró poner fin a la maldición y liberar a las almas atrapadas en el libro. Pero después de todo lo que había visto, el mundo ya no era el mismo para él y se convirtió en uno de los escritores de terror gótico más importantes del mundo.
La biblioteca macabra
Una pareja visita una biblioteca antigua ubicada en una tenebrosa hacienda rural en el centro del Ecuador . Mientras exploran los estantes de libros antiguos y polvorientos, encuentran un libro extraño e intrigante. Lo abren y empiezan a leer una historia erótica tan cautivante que pierden la noción del tiempo.
La historia que están leyendo es el relato del fundador de la hacienda, quien era conocido por tener un gusto por lo macabro. Pero a medida que avanzan en la lectura, la pareja va descubriendo que hay algo oculto en esa biblioteca, algo siniestro que está comenzando a influir en sus mentes y en su relación.
Poco a poco, empiezan a sentirse atraídos el uno por el otro de una manera que no pueden controlar. Y cuando intentan salir de la biblioteca, descubren que las puertas están cerradas con llave.
La pareja se ve atrapada en la biblioteca y comienza a experimentar pesadillas y visiones que los hacen cuestionarse su propia cordura. Finalmente, descubren que el libro que han estado leyendo es un objeto maldito que ha infectado sus mentes y están atrapados para siempre en esa oscura hacienda rural.
El libro negro
Érase un libro que era bastante grueso, que mirándole de lejos se parecía mucho a un cofre. Este libro era especial, ya que no le gustaba permanecer en una estantería. Condenado a vivir solo durante muchos días mientras no cumpla su misión.
El libro era muy inquieto, es especial a partir de las diez de la noche, cuando todos los habitantes del pueblo dormían, este salí a deambular por la biblioteca y el museo de la Iglesia. Luego, volaba hacia el Hospital Viejo que data del siglo diecinueve, era uno de sus sitios preferidos.
El libro se escondía cerca de una de las tumbas del patio trasero cada de vez que veía entrar al Hospital Patrimonial a a una joven llamada Martha, ella estaba ahí porque lloraba la pérdida de su abuelo desde hace cinco años.
Cuando Martha camina por los pasillos del lugar con una enorme vela, el libro salía de su escondite mientras el viento movía sus hojas, pretendiendo ser leído por la joven. Ella no creía lo que había visto, se dio cuenta de lo que sucedía, sintió miedo y le confesó a su hermano lo que estaba ocurriendo todas las noches.
A la siguiente semana, una noche fue con su hermano hasta el Hospital Viejo, al principio no vieron ningún libro, pero después empezaron a ver una mesa con una vela y ahí estaba, pero su hermano salió corriendo. Desde esa noche le comenzaron a llamar el libro negro. Todos los del pueblo de Gualaceo estaban espantados con el libro negro.
El sacerdote de la localidad le invitó a Martha y su hermano al convento, para saber que era lo que el libro quería enseñarles. Cuando entraron, había una inmensa biblioteca de varios libros antiguos, que pedían ser leídos en las noches de luna llena. Dentro de esos libros, había uno que había escrito su abuelo hace más de cincuenta años y que narraba la historia de su familia.
El Cabaret del Amor
En Quito del año 2007, el cabaret de Marie, conocido como "El Cabaret del Amor", era el lugar perfecto para el lujo y la diversión.
Marie era la dueña del local y la estrella del show, todo en su vida parecía ir a la perfección. Sin embargo, su mundo fue sacudido cuando conoció a Hans, un escritor que se convirtió en uno de sus habituales clientes. A pesar de las advertencias de su mejor amiga y compañera de trabajo, Marlene, Marie se enamoró de Hans y comenzaron una apasionante historia juntos.
Los tiempos difíciles amenazaban a todo lo que ellos conocían, con la creciente influencia del partido socialista verde. A pesar de todo esto, el Cabaret del Amor siguió brillando como un faro de libertad y esperanza. Pero Marie sabía que enamorarse de Hans podía traer problemas a su vida en el cabaret, sin embargo, su amor era tan fuerte que decidió aceptar cualquier riesgo. La relación entre ellos era erótica e intensa, pero también estaba llena de complicaciones.
Mientras que Hans trataba de ayudar en la medida de lo posible con el cabaret y las relaciones mundanas, la presión del partido social verde comenzó a interferir seriamente en su vida amorosa.
Las cosas empeoraron cuando los socialistas verdes empezaron a tomar el control del país y a perseguir a cualquiera que pensara diferente. El cabaret se convirtió en un refugio para los liberales y perseguidos. Pronto la tropa policial llegó a la puerta del cabaret, con la intención de capturar a los líderes de la resistencia liberal que se reunían en su interior.
Marie había sido advertida de que debía tener cuidado, y se aseguró de tener un plan de emergencia en caso de que los oficiales socialistas verdes llegaran al lugar.
Con la ayuda de Hans y algunos amigos del cabaret, logró crear un plan para huir a la frontera con Colombia. Sin embargo, cuando llegó el momento de salir de Quito, solo pudo llevar con ella su pasado, lleno de recuerdos del cabaret que había sido su hogar temporal junto a los suyos.
Finalmente, cuando llegaron a Chile, Marie se estableció en un lugar tranquilo, pero nunca olvidaría lo que habían dejado atrás. Aunque la historia le separó de Hans físicamente, el amor con él nunca se desvaneció.
Un amor en México
Diana, una joven mexicana de 27 años, siempre había sido una apasionada de la educación. Decidió estudiar pedagogía para poder enseñar y guiar a los niños a lo largo de sus vidas. A través de su amor por la enseñanza, también desató su amor por Luis, un colombiano de 37 años y antropólogo.
Durante meses, Diana y Elvis mantuvieron largas conversaciones a través de WhatsApp. Hablaban de sus intereses, sus aspiraciones e incluso se intercambiaron fotografías eróticas, videos y cartas de amor. A pesar de que nunca se habían visto en persona, sentían una fuerte conexión y deciden que era momento de encontrarse cara a cara.
Luis decidió dejar todo y viajar a México para conocer a Diana y pasar tiempo juntos. A su llegada, fue recibido con los brazos abiertos por Diana, quien estaba enamorada de él y estaba emocionada de tenerlo allí. Pasaron los primeros días explorando la ciudad juntos, probando nuevos alimentos y disfrutando del ambiente mexicano.
Durante su estadía, no había nada más importante para Diana que hacer que Luis se sintiera como en casa y disfrutara al máximo de su visita. Decidieron ir a caminar en el centro histórico de la ciudad, visitar los mejores restaurantes y monumentos emblemáticos de la región.
Visitaron también muchos hoteles, porque había momentos donde se besan apasionadamente, no soportaban las ganas que se sentían el uno por el otro.
En las habitaciones la besaba recorriendo su cuerpo centímetro a centímetro. Pasaba su lengua por sus partes íntimas y ella gemía de placer intenso, gritaba mucho. Con música new age de fondo, incienso, chocolate en sus cuerpos hacían el amor todos los días.
Cada día que pasaba, no podían estar más seguros de que habían encontrado el amor de su vida. Al final de su viaje, Luis preguntó a Diana si quería vivir con él y ella aceptó sin pensarlo dos veces. El amor entre ellos era verdadero y aunque provenían de diferentes lugares y culturas, lograron formar una conexión única y especial. Y así, comenzaron una vida juntos, guiados por el amor y el respeto que se tenían el uno al otro.
Fútbol y Guayaquil.
Había caminado durante media hora para llegar al entrenamiento de fútbol, el profesor Baldeón ya había iniciado calentamiento del equipo. Aquella mañana hacía mucho calor, el sol brillaba y el viento soplaba fuerte, la cancha estaba por encima de dos mil ochocientos metros sobre el nivel del mar, a unos sesenta kilómetros de la Capital.
Me integre al calentamiento en grupo que duró aproximadamente unos treinta minutos y el estiramiento otro quince más, el “profe” da la nómina del equipo titular que debía enfrentar el domingo al Barcelona Sporting Club en Guayaquil en el Estadio Monumental Isidro Romero Carbo; a mí me ubica como volante-carrilero izquierdo –en mis adentros estaba muy feliz y casi me salió una lágrima de la emoción-, en el transcurso del partido con el equipo suplente, pude convertir dos goles y entregué dos buenos pases que generó jugadas de peligro; el entrenador me felicitó al final.
A los nueve de la noche estaba prevista la concentración en el aeropuerto de la ciudad; así que me fui a mi casa a ducharme y a preparar las maletas; vi por más de dos horas la televisión y anunciaban en las noticias que el Barcelona tenía listo el equipo completo para enfrentar a El Nacional –o sea mi equipo-. A las ocho llamé por teléfono a un taxi que me condujera hacia el aeropuerto; luego, viajamos sin ningún inconveniente –nunca pude superar el miedo a volar en una avión-.
Llegamos a Guayaquil alrededor de las once de la noche y nos dirigimos al Hotel Oro Verde que estaba ubicado en el Centro de la Ciudad, hacía mucho calor por la humedad, el termómetro de uno de las avenidas principales marcaba treinta grados centígrados. De ahí, jugamos a las partidas de baraja para dirigirnos a las habitaciones, ya que a las ocho de la mañana habría la charla del cuerpo técnico.
Posteriormente, salimos a pasear en el “Malecón Dos Mil” -la temperatura no había variado mucho respecto a la noche anterior-, ingresé a una librería al estilo barroco para “ojear” algunos libros, mis compañeros me acompañaban pero no les interesaba leer-. Me quedé ahí aproximadamente una hora, mientras el resto del equipo parece que caminaba a la intemperie observando el gran “Río Guayas”. En este lugar había muchas mujeres guayaquileñas demasiado guapas, que ingresaban para observar los libros, de pronto una chica se me acerca y me pide tomarse una selfie conmigo y accedo fácilmente; aquella muchacha de piel canela y ojos grises estudiaba ingeniería en mecatrónica en la Escuela Politécnica de Litoral –tendría alrededor de unos veintidós años-, charlamos un rato pero tuvo que irse.
Alex –mi compañero del equipo- vino a buscar para comunicarme que el profesor había pedido que en quince minutos todos estemos en el bus; así que me acerqué al cajero para cancelar el libro que había escogido de Eduardo Galeano “El Fútbol a Sol y Sombra” para leerlo en el viaje de regreso a Quito el lunes por la mañana.
Llegamos al Estadio Monumental alrededor de las quince horas –estaba casi lleno-, el “profe” Baldeón dio la alineación del equipo y emitió una mensaje en no más diez minutos. Así que salimos a calentar y estirar -el calor era intenso y las barras bravas hacían temblar el estadio-. Luego, salimos a la cancha con la frente en alto a medir a un gran rival histórico. El primer tiempo, fue muy intenso y competitivo -empatamos uno a uno-, pero en el segundo tiempo pudimos dominarlo y les ganamos tres goles a uno. Fue una inmensa alegría, haber ganado este partido con un estadio repleto de hinchas barcelonistas, este resultado nos permitió clasificar a la Copa Libertadores de América.
Peke y la comunidad de Palenque
Hace algunos años, en la Amazonía ecuatoriana, vivía un jaguar negro de ocho años llamado Peke que amaba su tierra natal y disfrutaba mucho de bañarse en el río Santiago que pasaba muy cerca de su casa; así como también le gustaba mucho salir de paseo con sus amigos la guacamaya Rita, la rana Estefanía, el perezoso Peter y el mono Fabricio.
Un día, Peke y sus amigos estaban jugando a las escondidas, ahí fue cuando escucharon que un grupo de humanos desconocidos estaban haciendo varios huecos en el suelo, así que cuidadosamente se sentaron a observar que más hacían. El perezoso Peter, desde lo alto de un árbol, pudo observar que había otras personas con casco que tenían unas cintas muy largas y unos palos con bastantes números.
Estos pequeños animalitos de la comunidad de Palenque, estaban muy asustados por la visita extraña de los humanos a esas zonas, ya que antes nunca les habían visto a muchos de ellos, a excepción de ciertos humanos que vivían en una aldea cercana. Peke y sus amigos acordaron no comunicar este hecho a sus padres, pero decidieron estar vigilantes en los siguientes días en el caso de que volvieran estas personas al lugar.
Pasaron algunas semanas y los humanos todos los días llegaban en mayor cantidad a la comunidad de Palenque donde vivía Peke y sus amigos. Cada día llegaban con más herramientas y máquinas, incluso el mono Fabricio un día vio una máquina muy grande que tenía ruedas y un gran cajón encima que transportaba piedras inmensas por un camino que había construido.
Un día, el tío de Peke y jefe de la comunidad de Palenque, el jaguar Carlos, convocó a una reunión a todos los habitantes para comunicarles que los humanos están invadiendo su territorio, que su objetivo era extraer oro del subsuelo para venderlo y así hacerse millonarios; esta información lo habían escuchado en la aldea vecina de humanos del pueblo Shuar mientras andada de cacería.
Inmediatamente la comunidad de Palenque empezó a tener un plan para echar a estas personas empresas de su territorio ancestral. Pero el gobierno del país protegía a las empresas mineras internacionales, enviando varias tropas de militares y policías para sacar a los animales de ahí, así como a la comunidad Shuar.
Seis meses hubieron varios enfrentamientos entre la comunidad Shuar con las fuerzas policiales y militares del gobierno, en donde murieron alrededor de doscientas personas, así como varios heridos de gravedad.
La Peke con su familia y los habitantes de la comunidad de Palenque tuvieron que emigrar hacia otros lugares, algunos se fueron a las ciudades y otros a pequeños pueblos de la Amazonía. Las Empresas Mineras con el gobierno de apropiaron del territorio para extraer oro y otros minerales para ser exportados a Estados Unidos, Europa y China.
Tobías en la calle Larga de la ciudad de Cuenca
Anoche, Tobías mientras estaba caminando por la calle Larga escuchó las campanas del tempo que llamaba a la misa de las ocho; de pronto, se encontró con Estefanía –y ella alegremente- le dijo:
- Hola amigo que haces por aquí –mientras su rostro reflejaba una bella sonrisa-
- Tengo una reunión con mis amigos en el bar de la esquina –asombrado de verla-. ¿Pensé que ya te habías ido de viaje al oriente?
- No, porque esta semana tengo exámenes de la universidad; pero el viernes seguro que voy para allá.
Tobías le invito a tomar una cerveza y Estefanía aceptó. Llegaron al Chesses, una clásica taberna donde había muchos “gringos”, los retratos de varios paisajes de la ciudad se complementaba con el sonido de la música de los Héroes del Silencio. Ella pidió una lasaña y él unos burritos mexicanos:
- Tobías, te tengo una noticia de última hora. ¿Te acuerdas de Carlos?
- Claro, Carlos ¿tu novio con el que salías hace dos años?
- Sí, él mismo –dijo ella con un tono algo melancólico-. El fin de semana anterior se casó, en Quinta Lucrecia, con una chica con la cual llevaba más de un año.
- ¿Con la morena de ojos verdes que vivía cerca de su casa?
- Así es, me comentaron que la boda estuvo de lujo –mencionó Estefanía-.
- A mí me contaron que ella está embarazada y que por eso se casaban.
- ¿En serio? -preguntó, algo molesta-
- Reconfirmado.
Cuando terminaron de comer, bebieron tres cervezas cada; charlaron continuamente durante aproximadamente dos horas hasta que dieron las once de la noche. Tobías llamó a un taxi para dejar a Estefanía en su casa, todas las luces de la misma estaban apagadas, llegaron a la puerta y él se atrevió a darle un beso y ella -muy emocionada- le correspondió. Quedaron en verse el próximo sábado por la tarde para asistir a una fiesta de unos amigos.
El asesino de corruptos
Jeremías siempre fue un joven tranquilo, gentil recto, buscando justicia en cada paso que daba, pero eso cambió cuando su padre, un humilde agricultor, perdió su granja a manos de unos políticos corruptos que la habían confiscado ilegalmente.
Después de años de luchar en los tribunales y pelear contra el sistema de justicia corrupto, el padre de Jeremías murió sin haber recuperado su granja.
Jeremías se sintió perdido, desesperado, hasta que un día se cruzó con un extraño en un bar. El hombre le presentó una idea: "Mata a los corruptos". Jeremías intentó alejarse, pero la idea lo perseguía; finalmente, decidió darle una oportunidad. El hombre lo entrenó, lo ayudó a crear diferentes personalidades y lo llevó a meterse en la mente de sus objetivos.
Cada asesinato fue más fácil que el anterior, políticos y jueces corruptos quienes habían arrasado con la vida de muchos ciudadanos. Se movía con sigilo, ganándose la confianza de sus víctimas antes de torturarlos y matarlos.
En la calle se comportaba como si estuviera bajo un hechizo, su mente revoloteando con fantasías homicidas. Finalmente, un error lo delató, y se vio acorralado por la policía.
En el juicio, lo declararon culpable. De pie frente al juez, Jeremías no podía evitar sonreír. Sabía que él era el único que había hecho algo para castigar a esos corruptos, algo que nadie más había tenido el valor de hacer.
Finalmente, Jeremías se encontraba cumpliendo su sentencia por lo que había hecho. Pero no se lamentó ni un segundo. Había hecho lo que debía haber hecho, incluso si eso lo llevó directo a la cárcel para siempre.
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